DESDE LA CASA DONDE HABITAN LOS RECUERDOS

DESDE LA CASA DONDE HABITAN LOS RECUERDOS
En la casa donde habitan los recuerdos, aquí, sí, estoy ahora aquí. Rodeada de la ingente colección de objetos que acumulamos para ir creando la sensación de confort en nuestro vivir como familia. Sus habitantes, nos desarrollamos, crecimos y partimos, ahora, estoy yo sola de vuelta en este lugar, como visitante de mi haber vivido en esta casa durante la mitad de mi existencia, enfrentando los objetos quedados, quietos, inertes que desde su silencio cuentan nuestras historias, susurran nuestros transitares.

Testigos mudos de un mundo que fue y ya no volverá a ser. Huellas indelebles de los juegos de quienes crecen en su nido apropiándoselo como nicho. Regados, entre cada rincón de los espacios habitados, están los recuerdos. Arqueóloga de mi ser madre me siento ahora, cuando retorno a mi casa, a la que fue mi hogar, para recogerla y darle un nuevo sentido.

Silenciosa estoy recorriendo cada espacio y mi memoria va activándose con cada objeto que mi mirada acaricia, que mis manos rozan…. Un miedo intenso me paraliza, me cuesta recoger esta casa. Es como presenciar la propia muerte de lo que ha sido, hasta ahora, mi razón de vida.

Esta fase, en el proceso natural de transitar, duele, es saber, que me enfrento al rompimiento del apego, y, sé, que es la única vía para seguir transitando hacia mi nueva etapa de vida, para la construcción de un nuevo proyecto de vida.

Y, tengo miedo…. Y, solo se me ocurre echar mano de la música, desesperadamente necesito escuchar: “On the turning away” de Pink Floyd. Y, en ello, se inunda mi memoria, del compartir con mi hijo y, en especial de aquél amanecer borracho de sol- después de todo, estábamos y estoy en la ciudad del sol amada o calcinada, según se vea – del 1987, que significó el nacer a su nuevo proyecto de vida y la gestación de nuestra nueva disposición para seguir viviendo a pesar de los pesares, dejando atrás la tristeza y la incertidumbre de su adolescencia irreverente y de mi propio salir del sueño del soberbio y pedir ayuda… A quien, irreverentemente era nombrado “Monsieur” pepe le Pew, a quien, ¡Dios bendiga siempre y para siempre! Demás está decir, que hace días, me reencontré con el viejo fax Panasonic modelo KX F80, que dormitaba arrumado en un closet al lado de las argollas marinas, los salvavidas y las tuercas de la barra de las pesas, contándose, supongo, sus historias…

A estas alturas, escucho, naturalmente wish you were here… pero, en versión de quien ha sido mi maestro de vida: mi hijo! o como decían las abuelas, mi hijo, el que vive en Francia y …se va a casar y todo… por allá con una francesa…

Y, recuerdo a la cucarachita martinez…y, si no recojo nada?…y, si me quedo a la espera de lo inesperable, dejando las cosas como están? ¡No!.. Mejor, sigo transitando mis espacios habitados para cerrar mi ciclo, enfrentar mi duelo, decir adiós al apego… Cualquier cosa, es mejor que envejecer y obsolescer entre los espacios y los objetos coleccionados que han perdido sentido.

Después de todo, como decía mi madre…uno, de aquí, cuando se va, solo se lleva lo ¡bailáo! Y, mira que he bailáo… ¡hemos bailáo!

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Antropóloga que puso al servicio de la maternidad y la sobrevivencia de la especie su quehacer. Madre que no tiene para quien serlo en lo cotidiano y, que ahora, es referente vital que respalda la familia amorosa y unida que existe en lo etérico. Mujer, que a punta de sueños, ha superado cada herida y cada guerra de la vida y del amor, también… Por ahora, Aprendiz de agricultora que no encuentra ni quien limpie el terreno, Ciudadana con responsabilidad social, temporalmente, aislada… Deshilachada, recreándose..

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