Micro Relato erotico: Begoña IV

Este es un ejercicio a cuatro manos, la idea es que el relato será escrito por cortas entregas, entre dos autores, uno masculino para las escenas en parejas H.M y otro autor femenin@ para las escenas M,M.

Al final de cada entrega quedara un final de suspenso entre una historia H/M y otra M/M, y podras decidir con tus comentarios sobre que lo que quieres en la próxima entrega.

Si no hay votos, haremos lo que nos dé la gana.

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En el episodío anterior: (Click para leerlo)

Begoña volvió a pensar fugazmente en Juliette, mientras el vapor cálido que salía del lava vajillas se infiltraba en el tejido de su ceñida falda negra y le acariciaba los muslos incrementando su anticipación, casi sin darse cuenta ella llevo su mano a su seno izquierdo, cuyo pezón hinchado de excitación le hacia un poco de daño en el sostén, sin pensar trato de acomodarlo y no pudo evitar, dejar escapar un gemido debido al dolor y placer que sintió…

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IV. Julian en la cocina

 

17457448_10158374952735526_5217425461049215078_nJulián tomaba su vodka, mientras admiraba la silueta de Begoña,  en su frente apreciaba pequeñas gotitas de sudor que se mezclaban con algunos cabellos, que rebeldes, se habían liberado de el apretado moño que ella llevaba en el trabajo.

Begoña poso el vaso sobre el lavavajillas y llevo una mano hacia su cabeza para liberar su cabello, pues ahora que estaba cerrado ya no había riesgos de llevar el cabello suelto en la cocina y ella sabía que el moño de “trabajo” le daba un aire serio, casi autoritario.

Julián continúo mirándole, y para su sorpresa, vio como Begoña aun con los ojos cerrados llevo una mano hacia su seno, mientras dejaba escapar un gemido de placer.

Embobado, casi sin darse cuenta, él, recordó cuando Juliette había trabajado con ellos, las veces que las escucho gemir desde el vestuario el cual está justo sobre su cocina. Recordar esto lo excito aun más de lo que estaba, a su mente vinieron miles de imágenes de películas X, de dos chicas jugueteando, recordó como se había masturbado en su casa muchas veces luego de escuchar una sesión de Begoña y Juliette sobre su cabeza, recordó la excitación de buscar una película en donde las actrices tuviesen alguna semejanza con el objeto de su deseo.

En su entrepierna un bulto se formaba y sin darse cuenta, se coloco detrás de Begoña cuya mano apenas comenzaba a descender de sus senos, tan solo unos mili-segundos habían pasado, aunque Julián tenía la impresión de llevar mucho más tiempo allí, sin pensar, casi de manera automática sus manos se dirigieron a las caderas rellenitas de Begoña, y aun pensando en ese gemido, acerco sus labios a la oreja de Begoña y susurrando en su acento Francés le pregunto —  ¿En qué piensas “petite cochonne”, que te escuche gemir? — Mientras sus manos la retenían y disfrutaban de la suave calidez. -¿Pensabas en la zorra de Juliette?, ¿no? – le susurro al oído.

Begoña estaba petrificada, la frase resonaba en su cabeza como un eco lejano, mientras  se estremecía de placer mezclado con pudor y vergüenza, el cálido aliento de Julián acariciaba su cuello, mientras con sus manos, comenzó a acariciarle la cintura.

Sin saber lo que le había poseído, Julián, armado de valor. –Yo también te puedo hacer gemir así – le impostó.   Una sonrisa torcida apareció en su boca, mientras comenzó a bajar sus manos buscando el borde de la ajustada falda negra de Begoña, quien sonrojada, acalorada y entre dientes replicó casi sin saber porque – Eso está por verse -.

La mano de Julián encontró el fin de la falda, y al escuchar la respuesta casi jadeante de Begoña, la subió para descubrir las braguitas rojas de encaje que Begoña había seleccionado esa mañana para tender su trampa, trampa en la que ambos estaban cayendo de una manera desenfrenada en una mezcla de deseo y pasión.

Deslizando la mano hasta su entrepierna, y sorprendiéndose de encontrarla ya empapada, sin pensar mientras que con la otra mano buscaba los senos de Begoña, le dijo — Veámoslo, entonces –, al escuchar esto, ella no pudo más y dando rienda suelta a su pasión, apartó las piernas mientras arqueaba el vientre para separar los labios de su sonrisa vertical en una invitación a que Julián la explorase, mientras echando la cabeza hacia atrás buscaba la boca de Julián.

Julián no salía de su asombro, tanto tiempo deseando a Begoña, imaginando sus pezones erguidos, preguntándose como seria ese jardín de placer, imaginándolo totalmente afeitado, suave y liso, a veces hirsuto y descuidado, otras con una delicada línea de bikini… dependiendo de sus ánimos, de la fantasía que estuviese imaginando, algunas veces dulce y sensual, otras sexualmente violentas y llenas de lujuria.

Al sentir en sus dedos la húmeda entrepierna Julián, dejo escapar un “mmmm Que rico” justo antes de perderse en un beso apasionado mientras él, sentía como su excitación crecía al mismo ritmo que el bulto entre sus piernas.

Casi perdido en su paraíso de lujuria, Julián escucho distante a Begoña implorar por su lengua, por su boca allá abajo y apartándose termino de levantar la falda y meintras posaba sus manos juguetonas sobre las tersas nalgas de Begoña comenzó a descender despacio el pequeño modelo de encaje rojo que cubría la intimidad de Begoña, sentir la suavidad de la prenda en sus manos le excitaba aun mas, y poniéndose de rodillas comenzó a lamerle las nalgas mientras le susurraba lo rica que estaba.

 

El cálido aliento de Julián paseándose por sus zonas de placer enloquecieron a Begoña, quien avanzando el torso, arqueo la pelvis para ofrecerle libre acceso a su vagina palpitante, y así entregarse al placer que la lengua de su compañero le prometía.

Begoña no podía soportar más, tanto, Julián la enloquecía. Así que en ese momento dejo escapar su aliento en un suspiro y apartando las piernas en una invitación para que esa lengua, la que tantas veces Begoña había imaginado, apartara sus húmedos labios, Julián comprendió la invitación, lo cual la hizo gemir de placer mientras su cuerpo se estremecía y disfrutaba sentir en su vientre el calor del lavavajillas.

El rostro de Julián perdido entre las piernas de ella, mientras él disfrutaba de ella como de un helado en verano, paladeando el sabor mojado en su boca mientras con su lengua apartaba los labios buscando el punto que enloquecería de placer a Begoña.

Begoña comenzó a moverse al ritmo de la lengua de Julián,  mientras jadeaba de placer, Julián había liberado el monstruo de su deseo, tanto tiempo retenido, había perdido toda su timidez y mostraba un aplomo que a ella la excitaba y la intrigaba, mientras su lengua la hacía gemir y saltar de placer, sus manos se paseaban por sus muslos, su cintura, bajando hasta la entrepierna, ella sintió como dos dedos apartaban aun mas los mojados labios permitiendo que la lengua que la masajeaba desde atrás penetrara un poco más, acercándola más a su punto de placer.

Julián percibió como los gemidos y movimientos de Begoña se volvían más rítmicos, sus jadeos se aceleraban y sus músculos empezaban a contraerse de placer, él continuo con sus dedos y su lengua, ajustándose al ritmo que ella marcaba con sus gemidos hasta que una ola de placer la recorrió estremeciéndola.

Cada vez que sentía la lengua sobre su clítoris se acercaba más y más al placer de un orgasmo, hasta que sin poder contenerse exploto en una serie de espasmos que acercaban y alejaban esa lengua que le acariciaba mientras un agradable calor invadía sus entrañas.

Julián se detuvo cuando los gemidos se hicieron más espaciados, y los espasmos más fuertes, Begoña no podía mas, el orgasmo había hecho esa zona muy sensible y cada vez que la lengua de Julián la acariciaba una sensación de placer excesivo la recorría y se debatía entre desear que se detuviese o que continuara. Al notar que Julián se detenía se sintió vacía y aliviada al mismo tiempo.

Julián comenzó a levantarse, disfrutando aun de los sabores prohibidos que llenaban su boca y sintiendo las pulsaciones de su corazón en su erección, acercándose a begona, presionando su miembro contra el cuerpo sudoroso de Begoña, abrió sus pantalones y susurrando le dijo: “Todavía no he terminado contigo linda” y comenzó a abrirse paso a las puertas de la vagina mojada, lentamente, penetrándola despacio, llenándola de deseo y satisfacción.

Ella se desabrocho el sostén mientras Julián la retenía por la cadera y la embestía suavemente, al imaginarla totalmente desnuda, Julián no pudo contenerse, quería disfrutar de ese cuerpo, estudiarlo, admirarla, por lo que salió suavemente de ella y antes de ella pudiera quejarse la hizo voltearse y como si le hubiese leído los pensamientos ella removió su falda y su camisa. Él la levanto, sentándola sobre el lavavajillas, le aparto las piernas y se dispuso a admirarla, así totalmente expuesta, sudorosa, mojada y desnuda, con la boca entre abierta dejando asomar una lengua implorante de deseo, Julián contemplo como sus jugos se deslizaban mojándole los muslos, deseaba poseerla, dominarla, hacerla enloquecer de placer.

Mientras mantenía su mirada perdida en la entrepierna de Begoña, Julián comenzó a acariciarle los senos y comenzó a acercar su boca para mordisquearle los pezones. En ese momento Begoña lo sorprendió utilizando sus piernas para desviarlo y atraerlo hacia ella anticipando el placer de sentir cuando él la penetrase.

Sin resistirse, Julián guió su erección y la penetro dejándose guiar por el movimiento de las piernas de Begoña, comenzó un movimiento de vaivén mientras la besaba, poco a poco el ritmo y la velocidad subieron  has hacerles acabar a ambos casi al mismo tiempo, Julián un poco antes, descargando al interior de Begoña muchos meses de anticipación y de deseo, al sentirle correrse en sus entrañas ella alcanzo por segunda vez el orgasmo en espasmos violentos mientras sus músculos se contraían atrapándole en un paroxismo de placer.

Julián la besaba en el cuello, en los senos, parecía estar en todas partes al mismo tiempo, ambos estaban envueltos en un frenesí de placer y ninguno deseaba que terminase.

Finalmente Begoña comenzó a recobrar la compostura, se sentía entre avergonzada y satisfecha, empujándolo suavemente sintió como Julián se deslizaba hacia afuera, al quedar vacía se levanto y comenzó a vestirse, en ese momento Julián sin saber bien por que recogió la delicada prenda de encaje rojo y discretamente la guardo mientras subía sus pantalones temiendo que para Begoña esto hubiera sido una aventura de una noche. Y se reconforto pensando que si este era el caso al menos tendría la prenda como trofeo de esta noche deliciosa.

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