Envejecimiento en Amor Mayor

Actualmente,en Venezuela, se realiza el registro de los adultos mayores, en la Gran Misión en Amor Mayor,cuyo objetivo es abatir la pobreza, incorporando a un sector de la población históricamente excluido. Bien por la reivindicación, es una oportunidad para pasar raya y sumar, para iniciar con nuevo pie el tratamiento de este sector poblacional.

Pero, el tema de una población en envejecimiento, como es nuestro caso y el de otros países de América y Europa, requiere construir una nueva visión acerca de los envejecientes y los envejecidos.

El éxito de los programas de salud y el mejoramiento de los índices de calidad de vida, dan por resultado poblaciones longevas. Venezuela, últimamente ha mejorado su esperanza de vida.

De acuerdo a algunos estándares internacionales, una población está envejecida cuando sus mayores (jubilables o jubilados) constituyen mas del 13% de la población.

 

Los estandares nacionales:

El estándar en Venezuela,debe estar, obviamente, asociado a la edad de jubilación, por lo que tomando proyecciones del censo 2001,podemos decir: que para el año 2011, tenemos un estimado de 3.811.471 personas en edad de jubilación, lo cuál, en una

población estimada de 29.438.263 de habitantes, constituyen el 12,94 %.

En mi ver, cómo envejeciente y como Antropóloga, existe un reto , casi generacional, para construir una nueva visión y una nueva cultura del envejecimiento ( tema en el que trabajo desde la perspectiva de auspiciar una Antropología del envejecimiento), en tanto,
es un fenómeno social que aparece históricamente, haciendo masa crítica, por vez primera en nuestro país.

Al estado, le corresponde establecer condiciones de justicia y equidad social, garantizando los derechos, a nosotros asumir nuestro papel en la construcción de unas condiciones sociales y humanas dignas, para seguir siendo útiles a la sociedad y no permitir que la visión tradicional del envejecer, envejeciente, envejecido, nos niegue nuestro lugar socio-humano como personas.

La situacion actual:

Es hora de crear nuevas identidades sociales asociadas a la relevancia de la edad, hora de crear una nueva cultura del envejecimiento, para ello, caractericemos la situación actual:

  • La oferta social a los jubilados de la “productividad” es la de un estatus carente o vacío de roles, aún en el espacio social mas intimo: la familia
  • Percepción del “jubilado”como masa homogénea, reduciendo la complejidad de los grupos de edad que los definen, en sus potenciales y necesidades.
  • La Jubilación se constituye en proceso vital de exclusión social progresiva de los espacios y recursos comunes.
  • La exclusión sistemática y silenciosa de este sector poblacional, es justificada moralmente con una negación de acceso atribuida a una supuesta merma de la capacidad personal.
  • La negación de acceso al jubilado, implica, en último término, la negación y reducción de sus atributos sociales de persona y ciudadano.
  • Visión de persona igual a fuerza de trabajo o productividad económica.
  • Justificación de la exclusión en función de los relevos generacionales
  • Presencia de una discriminación o pre-exclusión del envejeciente, catalogada como fuerza laboral de 2da, que se constituye en amenaza a partir de los 40 años.
  • Inexistencia de un marco de relaciones sociales intergeneracionales armónicas y
  • fuertemente valorativas.

Hasta ahora, no había sido necesario plantearnos este debate acerca del impacto social de una población que envejece en óptimas condiciones de salud.

Cómo sociedad, es válido responder a esa pregunta: que hacer con nuestros envejecientes? Hasta dónde son una carga que se puede soportar sin crear desequilibrios?

Enfrentar como sociedad el envejecimiento poblacional es todo un reto que, tal vez, empieza, en nuestro caso, por una reflexión entre la visión tradicional que manejamos de la situación y la creación de una nueva visión para generar respuestas y soluciones más humanas y equitativas.

El envejecimiento es un proceso humano natural, pero la vejez ( como concepto asociado a fecha de caducidad socio-productiva) es una construcción socio-cultural y, hasta ahora, solo un problema de tipo individual y familiar.

Esperemos que en Amor Mayor, una vez superada la visión asistencialista y reivindicativa,nazca en Venezuela una verdadera y coherente política para este sector poblacional.

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