Testimonio: Marvinia Jiménez relata agresión de la GNB

Nos gustaría recoger los testimonios de cada uno de los 1330 detenidos que el foro penal tiene registrados hasta ahora por las protestas, por supuesto esto es una tarea difícil ya que muchos no querrán declarar por miedo o simplemente por no tener que revivir los momentos de terror y sufrimiento que pasaron.

Sin embargo este medio a su disposición si así lo desean.

A continuación el relato de uno de ellos, la muchacha que fue agredida a cascazos.

Dejale un comentario de apoyo y solidaridad.

 

El lunes 24 cuando iba al taller se encontró con dos piquetes de la Guardia Nacional. (Foto Andrews Abreu)

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Marvinia Jiménez, quien tiene desde su nacimiento medio cuerpo con escasa movilidad, se ha convertido en el testimonio irrefutable de que en Venezuela no se respetan los Derechos Humanos.

 

Después de haber sido agredida brutalmente por una furiosa guardia nacional, como ha sido conocido en todo el mundo, se le acusa de resistir a la autoridad, de lesiones a funcionarios público y de otros delitos que le atribuye un Gobierno que utiliza la represión como tabla de salvación para tratar de sostenerse. La vida de Marvinia se desarrollaba, cada día, entre el sector 8 de La Isabelica, donde tiene su taller de costura, y el sector 3, donde deja con una tía a su hijo, de 7 años, Lliw, Will al revés que es el nombre del padre.El niño padece de asma.

 

Fuente; el Carabobeño: Alfredo Fermín | afermin@el-carabobeno.com

 

El lunes 24 cuando iba al taller se encontró con dos piquetes de la Guardia Nacional. Los vecinos habían protestado con cacerolas durante la noche y la situación se había puesto tensa por detonaciones que se escuchaban cerca. “Yo he asistido a las últimas manifestaciones porque también soy víctima de esta situación de inseguridad y de escasez que tiene el país”.

El ambiente estaba tan raro que decidí grabar con mi telefóno. Un humilde vergatario que me prestó una tía, porque mi Blackberry me lo robaron, comenta la agredida, de piel morena, que lleva un collarín para aliviar el dolor.

En su casa terminó un vestido y escuchó nuevas detonaciones por los lados de La Olla, cerca de la panadería La Espiga de Oro, por lo cual decidió regresar al sector 3, donde su familia. En el camino se encontró con una tanqueta de la Guardia que lanzaba bombas lacrimógenas. Volvió a grabar con el elemental teléfono mientras desde el vehículo militar, le gritaban: “escuálida, sin oficio, vete a tu casa a hacer arepas, búscate un marido”. Escuchó también piropos como negra linda, cojita preciosa.

De repente la tanqueta fue acelerada y dirigida a la Espiga de Oro, donde se detuvo después de pasar por encima de las barricadas. Como una experta reportera, siguió el vehículo y grabó los detalles que encontraba .Eran las 9 de la mañana y las detonaciones se escuchaban fuertes hacía el Central Madeirense. Cuando llegó a este sector se encontró con que la llamada Guardia del Pueblo lanzaba piedras hacía los edificios, desde donde les lanzan botellas y piedras .

Seguía por el medio de la avenida, grabando cómo los guardias disparaban y lanzaban bombas a los civiles, cuando vio que tres de ellos colocaron sus armas largas hacía la parte trasera del correaje que llevaban a la altura del pecho y sacaron pistolas pequeñas .

-Les grité: no maten a su pueblo. Uno de los guardias trató de quitarme el telefonito pero yo lo lancé bien lejos y no se quien lo encontró. En ese momento se avalanzó sobre mí una mujer que yo crei que era un gorila. Mientras me golpeaba me echaron los brazos hacía atrás y me esposaron. La tipa en su locura seguía golpeándome. Parece que se le quebró una uña cuando rozó el suelo y eso la enfureció. Se quitó el casco y comenzó a darme cascazos. No recuerdo cuantos fueron, creía que me iba a desmayar porque desde que nací tengo el lado izquierdo dormido y la mano se me estaba poniendo inmóvil. Yo le gritaba: soy minusválida ten compasión de mi. Ella no oía, me arañaba, me escupía, me pateaba, me torció el cuello, me mordió y me halaba los cabellos. Solo le escuché decir: “maldita me volaste mi uña que la tenía tan bonita”.Me dio con el casco en el pómulo izquierdo y en la frente.Tengo hematomas en la cara, inflamaciones por todas partes y chichones en la cabeza. Eso está documentado porque desde los bloques grabaron. Lo que recuerdo de ese momento fue que un guardia gritaba: catira dale duro a esa escuálida sucia. Otro gritó: déjenla quieta que están grabando. Allí fue donde la tipa se lució y me agarró por los cabellos como se aprecia en las fotos que han dado la vuelta al mundo.

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-¿Que pasó después de la golpiza?

 

-Creí que me iban a dejar tranquila. Pero lo peor no había comenzado. Me subieron esposada a una moto y la mujer todavía continuaba golpeándome. Me decía: maldita, desgraciada, me volaste mi uña tan bonita. Yo gritaba soy Marvinia Jiménez, me llevan presa y no se por qué. La tipa me tapaba la boca, pero yo no le paraba.

Creía que me llevaban al Comando de la Guardia Nacional, Coredos, pero siguieron hasta el comando de la Guardia del Pueblo, frente al centro comercial Metrópolis. Allí me dejaron con otros tres detenidos que no estaban esposados. Por eso pedí gritando que me quitaran las esposas, que me viera un médico, que llamaran a mi hermano Marvin Alejandro Jiménez, que es abogado. Nadie me respondió. La misma mujer que me esposó me quitó las esposas, no sin antes insistir que por culpa mía se le había quebrado su uña que la tenía tan bonita.

Marvinia cuenta que estando en el aposento carcelario, se le acercó un guardia rechoncho, de bajo rango, al que le leyó el nombre en la etiqueta que llevaba encima del bolsillo de la camisa. “Si sabes leer ve que estas botas son 48 y te las voy a clavar en la cara, parásita inmunda. Pero no pasó nada porque otros guardias se mostraron indignados con lo que me estaban haciendo”.

A las 5 de la tarde Marvinia no había recibido ningún tipo de asistencia. Al anochecer la llevaron a un ambulatorio para unos exámenes. Ella insistía en que quería un teléfono para comunicarse con su familia e informarles lo que le estaba sucediendo y que le llamaran a un médico.

-Conmigo iba en el vehículo el señor Héctor, golpeado también por guardias nacionales. Iba vomitando sangre con la chemise destrozada. Por eso le pusieron un franela que le quedaba pequeña para reseñarlo y fotografiarlo. Después que nos examinaron nos enviaron a la sede de la Policía de los Guayos donde dormí en el piso.

Sus compañeras de celda, unas jóvenes detenidas por drogas, la ayudaron a protegerse del frío y compartieron la comida a que ellas les habían llevado

-A media mañana apareció un señor, que se identificó como representante de la Defensoría del Pueblo. Quería que le firmara un papel haciendo constar que me encontraba en perfecto estado de salud. Me negué a firmar porque tenía un dolor de cabeza descomunal por la golpiza que me dieron. “Ese no es mi problema, porque yo estoy aquí para certificar que tu no tienes nada”. Pero se fue sin mi firma.

Pasé el segundo día sin saber de mi familia y sin recibir asistencia legal. Volvimos a dormir en el piso helado, cubriéndonos con una cortina. Al día siguiente me llevaron al Palacio de Justicia y logré ver de lejos a mi familia. Después me trasladaron al Cuerpo de Investigaciones Científicas, penales y Criminalísticas (Cicpc), por plaza de Toros.

 

¿Es cierto que la acusaron de un hurto a la Cantv?

 

-Cuando llegamos escuché decir a unos de los efectivos que el señor Héctor y yo éramos los del caso del hurto a la Cantv. Me indigné porque yo nunca he robado a nadie, pero un chivo pesado ordenó que me reseñaran por hurto. Yo me negaba a que me imputaran por un delito que no he cometido, pero me aconsejaron que lo hiciera porque así se demostrará la corrupción que existe en esos organismos.

La presencia de Marvinia en el Cicpc de Plaza de Toros fue un acontecimiento, porque otras detenidas la reconocieron como “la jeva que está en Youtube y en fotos golpeada por una gorila de la Guardia Nacional”. ”Allí fue cuando supe que no estoy sola y que mi tragedia la conoce el mundo entero. Me hicieron pasar a una sala para que me entrevistara una comisión de Caracas, para hacerme chequeos médicos de ley 48 horas después de la brutal agresión que me hicieron, cuando ya las hematomas estaban bajando”.

 

¿Que hará ahora?

 

-Estoy cansada de todo esto me siento amenazada. Ahora resulta que en el Palacio de Justicia me levantaron un expediente en el que aparezco involucrada en delitos de resistencia a la autoridad, lesiones a funcionarios de la Guardia del Pueblo, daños a la propiedad e instigación a la desobediencia.

Los abogados se están moviendo. Nos están ayudando para la defensa de los derechos fundamentales. Yo estoy en manos de Dios porque Venezuela es un país donde todo es posible. Cada vez que un funcionario del gobierno dice “hay que ponerlo preso”, esa persona va presa.

Me siento intimidada porque, en algún momento llegarán con una orden de aprehensión para llevarme a un calabozo a esperar el expediente que me elaboren. Los colectivos me persiguieron en sus motos , desde que me sacaron de la clínica La Viña hasta mi residencia en La Isabelica y tengo miedo de que se aparezcan otra vez.

 

¡Que la perdone Dios!

 

Marvinia Alejandra Jiménez tiene 36 años. Nació en Valencia y estudió Diseño Gráfico en el Instituto Monseñor Talavera. Optó por la alta costura y se especializó en la confección de trajes de novias y trajes de fiestas.Desde niña padece una enfermedad degenerativa, por lo cual tiene la parte derecha del cuerpo más desarrolladla que la izquierda. Cojea al caminar, defecto que disimula con faldas largas y blusas manga larga.-Este defecto no me acompleja.Trabajo desde los diez años como costurera y tengo una clientela satisfecha y numerosa. Nunca me he aprovechado para solicitar beneficios del Gobierno, ni privilegios. Me he dado cuenta de que mis facultades están disminuyendo y por eso registré una pequeña compañía para vender ensaladas, porque estoy segura de que cuando esté vieja no podre vivir de la costura.¿Perdonaría a su agresora?Que la perdone Dios. Ella debe estar consciente de que, por el bien de la Guardia Nacional, debe pedir su baja de esa dependencia a la que ha rayado en todo el mundo. Si no puede contener su maldad, su histeria porque se le rompió una uña, ella continuará haciendo el mal. Quiero expresar públicamente,mi gratitud a El Carabobeño y a las redes sociales que se encargaron de difundir, de manera extraordinaria, la tragedia que he vivido, que no solo es mía sino de toda Venezuela, porque está demostrado que estamos huérfanos de justicia con autoridades que mienten.

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